27.3.16

Escribo con la tinta del agua salada de mis ojos

He hablado del amor sin saber realmente lo que era. 
He imaginado unos labios que me besaban, las caricias de unas manos distintas a las mías, susurros de amor, miradas de fuego y regalos sin precio.
He soñado con un tipo de felicidad que no creía merecer ni poder alcanzar.
Y aquí estoy ahora. Muda. Sin ser capaz de escribir a menos que sienta dolor. A menos que el mundo se vuelva un poco pesado entre mi cabeza y mis pies.
No escribo para los enamorados. no escribo para los descorazonados. Escribo para las almas sensibles. Para las madrugadas terribles con o sin resaca.
Coloco sobre la mesa un puzzle que voy resolviendo mientras silbo la famosa canción de la muerte. Espero paciente el momento en el que el rompecabezas deje de ser tan difícil, esperando que la canción que silbo no se termine todavía.
Las manos que me mantenían en una penumbra, en una oscuridad negra y profunda eran unas que conocía. Pero que no comprendía tan bien como creía. Pues eran las mías. Otras manos. Innumerables. Quitaron mis propias manos de mis ojos y me mostraron que el cielo no era del todo oscuro de noche, y que había estrellas brillantes y una luna. Tan grande como mi corazón y tan brillante como mi piel. Me mostraron un tono de azul diferente al del cielo, diferente al del mar. Mi propio azul. Mi propio mar. Azul tormenta, océano. Azul frenesí. Mi azul. Mi esencia. Mi yo. Un cactus, un melocotón, un palo rodeado de algodón de azúcar, una sirena y un unicornio.
Un poco de sonrisas y lágrimas saladas.
Un poco de ti y un poco de mi.

1 comentario:

Guinevere dijo...

Sin palabras. Me ha encantado.

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