10.10.14

Caída al vacío

El día ha sido demasiado largo.
Demasiado pesado. 
Mis pies me llevan a la cama y me tiro quedando dormida al instante. 
Sigo con los ojos cerrados cuando caigo al vacío de espaldas. 
Noto la caída. 
Abro los ojos. 
Pero solo hay oscuridad a mi alrededor. 
Grito.
Pero no me sale la voz. 
Muevo mis brazos y piernas desesperadamente. 
Estoy flotando.
Hundiéndome en un mar invisible, sin agua, pero con un aire denso.  
Se me corta la respiración. 
Siento que me ahogo, que no tengo pulmones; que el nudo que tengo en la garganta no me deja respirar. 
Me cojo el cuello con ambas manos abriendo la boca. 
Lo aprieto. 
De nuevo intento gritar lo más fuerte que puedo, pero ningún sonido sale de mi boca. 
Las lágrimas inundan mi cara y cierro los ojos. 
Mi corazón late muy deprisa y lo único que soy capaz de escuchar es mi corazón latir demasiado rápido y sus palpitaciones en mis sienes. 
Todo termina cuando mi espalda toca el suelo. 
Esta vez estoy de pie. 
Abro los ojos y confirmo estar en la nada. 
Todo es blanco y por un momento el miedo desaparece.
Hasta darme cuenta de que no puedo respirar. 
Me arrodillo en el suelo palpándome el pecho, buscando una manera de poder respirar. 
Noto que el abismo me traga como las arenas movedizas del desierto. 
No puedo hacer nada a pesar de intentarlo con fuerza y gritos silenciosos. 
Cierro los ojos y me muerdo con tanta fuerza la mano que me duele. 
De repente, me siento como si fuera un resorte y me encuentro sentada en un lugar en el que puedo respirar. 
Estoy jadeando, empapada en sudor y lágrimas. 
Miro, al principio con borrosa visión, la que es mi habitación. 
Mi cuerpo temblando y el sudor frío cayendo por mi espalda. 
Hago unas cuantas respiraciones. 
Me levanto y voy al baño. 
Me lavo la cara y me miro al espejo. 
Vuelvo a la cama abrazándome a mí misma y esperando que mi caída al vacío no se vuelva a repetir.

1 comentario:

María F. Velasco dijo...

Preciosos, me quedo sin palabras

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