21.8.14

En el silencio de la noche más oscura...

La luz del teléfono era la única que iluminaba mi cara cubierta en lágrimas. Mis dedos se deslizaban rápidamente pidiendo perdón por algo que no llegaba a comprender y, al mismo tiempo, deseando el por qué de todo lo que me venía sucediendo.
Mis ojos no vieron lo suficiente como para darse cuenta de la molestia ajena. No quería hacerle daño. No buscaba herirle. Pero sí me hirió a mi. 
Esa tarde había pasado volando entre fotos, música y algunas risas. Pensé que me comprendería. Yo confié. Ese fue mi error. Confié.
Quería. Deseaba su amistad y la de los demás. Pensé que iba bien. Comenzaba a sentir de nuevo algo parecido a la felicidad. Me disculpaba y me compadecía a menudo, porque estaba insegura y solo quería congeniar en el puzzle. Un puzzle en el que nunca fui capaz de congeniar y en el que esta vez pensé que lo lograría.
Pero los tigres salen de noche y las esperanzas se desvanecen con sus primeros aullidos y mordiscos. Las heridas se abren y sangran y el agua de tus ojos no puede curarlas.
Los tigres duermen mientras me desangro. Los tigres están tranquilos mientras lloro.
Confié.
Y no deseo volver a hacerlo.

1 comentario:

Ana Belén dijo...

Me encantó. Me he sentido muy muy muy identificada y he recordado momentos pasados.
Una entrada francamente hermosa.
Un besazo <3

Publicar un comentario

Muchas gracias por tu comentario.